Digamos que hoy he decidido contar un cuento, no como los de antes, si no como los de ahora. Digamos que hoy me levanté y pude sentir como brillaba el Sol invitándonos a imitarlo. Digamos que hoy es un buen día para iniciar la revolución y que solo depende de nosotros mismos. Estamos siendo testigos de los más grandes cambios, como especie humana, que se hayan vivido en miles de años y ha llegado el momento en que nos convirtamos en actores y dejemos atrás la conveniente letargia en la que nos sumieron. Debemos dar las gracias porque aquello que nos separa, nos va a unir inapelablemente, la máquina despiadada de los amos de la sombra, ha generado la inercia para mover el mundo, solo falta que tracemos la ruta. La injusticia nos agita entre aguas turbulentas y nos empuja a convertir nuestras palabras en martillo y nuestros corazones en yunque. La energía que está despertando nuestros intelectos y que es fruto de nuestra impotencia, destapa podredumbre y evidencia lo inevitable, ...