Bla, bla, bla en el Congreso, entre los unos, socialistas, dedicados a hacernos creer que quieren preguntar por Bankia, y los otros, peperos, poniendo el ventilador contra el Gobierno anterior para despistar a los demonios. Entre Isabel y Fernando, monta tanto que ya no engañan a nadie. Sean sinceros por una vez, señorías, y reconozcan que nadie quiere saber qué pasó, quizás porque ambos dos estuvieron cómodamente sentados en los consejos de administración, inhalando el humo tóxico de unas cajas que nos vendieron como solventes, mientras cobraban las dietas pertinentes. El escándalo Bankia es una hidra de muchas cabezas, pero una de las más visibles es la voluntad de los grandes partidos de tapiar con cemento sus miserias. Quizás porque fueron gentes de ambas bancadas las que durante años permitieron la alegría de la huerta de unos números imposibles que financiaban los delirios de grandeza de los políticos de turno, a la par que alimentaban el modelo eco...