Murió como había vivido. Deprisa y corriendo,
y sin saber cómo. Pero así había sido durante toda su vida. Su mujer así lo aceptó,
ahora llegaba y ahora se iba, pero los dos sabían que era este su respectivo paisaje: el bosque de sus cabellos cuando los
dedos buscaban el camino de los sentimientos.
Y así fue, de repente, una noche un mal dolor
de vientre y ella recogiendo el cuerpo frío y pidiendo una ambulancia cuando en
realidad debería haber llamado directamente al coche de muertos. ¿Por qué ha de
correr la muerte cuando ya ha hecho su trabajo?
Unas cuantas lágrimas, manos y labios amigos
y una urna de cenizas.
Él sólo le había dejado dichas dos cosas: si
vas con otro hombre, dímelo, y cuando muera que me quemen. El lugar elegido
para tirar las cenizas era un bosque cerca de la casa de unos parientes que tenian un caserón donde los veranos de su infancia
hizo caer piñas a golpes de piedra, cogía caracoles después de la lluvia y robó
los primeros besos a una chica que iba en bicicleta.
Su territorio mágico se llamaba " el
bosque de detrás de la viña" y ahora ella, ayudada por los más próximos,
desgarraba la tierra con las manos y a golpes de pala. No tiraría las cenizas; poesía y muerte
no acaban de ser muy amigos: la urna reposaría a tres palmos bajo tierra y de
allí brotaría un almendro que sería una bandera blanca a finales del invierno y
un nido de frutos en verano.
Pero el hombre propone y la Administración dispone.
Y cuando el almendro empezó a sacar flores de color rosa y ella iba a apoyarse
en el tronco, llegaron disposiciones oficiales para expropiar ese terreno. Sin más ni más. El
bosque de detrás de la viña ya no se llamaba así porque también la viña había
sido expropiada para la construcción de unas vias de un tren de estos que no van a ninguna parte, o de un vertedero enorme porque no se habia reciclado nada, o vete
a saber qué.
Llegaron las máquinas excavadoras y aplanadoras y ella continuaba
yendo a leer sus poemas y ha llevar, de vez en cuando, un ramo de flores que es
el fertilizante de los recuerdos. Llegaron después los políticos y las bandas
de música. Se cortó la cinta de la inauguración, el discurso de siempre y los coches y los camiones
comenzaron a rodar sobre material sensible.
Esta noche soñé que un gran almendro había
roto el asfalto de una carretera que solo iba a casa de un señor importante y había extendido las ramas sobre todas las vías del tren que no iba a ningún lugar.
Cuando los servicios de socorro fueron con sus sierras mecánicas a cortarlo les
pareció sentir un grito de dolor que venía de la corteza y alguien creyó que
todos los árboles viejos acaban igual. Quemaron la leña. Y ella sintió de nuevo
una vieja y conocida calor que salía de dentro de su cuerpo.
La Administración ya buscará otra territorio
mágico, seguramente no se llamara "
el bosque de detrás de la viña" pero seguirá esperando disposiciones
oficiales para expropiar otro terreno.
.jpg)

Comentaris
Un abrazo josep y buen domingo, un petò.
Muy bueno.
Salut
Tu cuento o como le puedas llamar me ha encantado, está lleno de ternura y realidad.
Un abrazo.
Saludos ¡¡ y grandísimo relato si señor enhorabuena por el artículo ¡
"…una cosa es tener automóvil cuando se es, por ejemplo, ministro, y otra cosa es hacerse ministro para tener un automóvil". Y esto se ha hecho en este pais.
Una abraçada Mª Trini.
Salut.
Una abraçada molt gran, argentina nuestra.
Miraré la novel·la, KRT, m'ha intrigat.
Moltes gràcies
Un beso
Un abrazo.
Un abrazo amigo mío.
Y sí tienes razón con la frase: el hombre propone y la Administración dispone.
Un beso.
A cualquiera que lea que en Ibiza hay expropiaciones o no se lo cree o como yo piensa que allí además de reunirse los “famosos” de las revistas del corazón, corazón también se encuentran los sicarios, que estos no pierden ocasión de declarar públicamente su empeño en propiciar un diálogo contigo y con quien haga falta para crear unos resortes que les permita hallar un marco previo que impulsen un punto de partida sólido y capaz para que el pueblo no se le expropie nada. Mentira, querida amiga, mentira. Ya se como “anda” la cosa por Ibiza, y esto que sois pocos, pero claro, hay más chorizos que ciudadanos.
Una abraçada molt gran!
Un beso.