dimarts, 15 de març de 2011

nos dicen la verdad?

De vez en cuando la naturaleza llama a la puerta y nos hace caer, destronándonos del pedestal de vanidad, egocentrismo y egoísmo desde el que reinamos irresponsablemente. Nadie sabe si Dios existe, pero sabemos que existe la fuerza de una naturaleza tan servil a nuestros desmanes, como indómita cuando despliega su furia. Y cuando ello ocurre, recordamos que nuestra identidad primera es la vulnerabilidad.

Si añadimos nuestro insostenible modelo de vida, la voracidad con que hemos colonizado tierra, mar y aire, y la inconsciencia con que hemos destruido los equilibrios, podemos concluir que no sólo somos vulnerables, sino que trabajamos para serlo. Como si, siendo puras motas de polvo, le diéramos la escoba de barrer al universo. Japón ahora, y antes tantas otras tragedias humanas, nos recuerdan una y otra vez que el animal humano que apareció en el planeta hace millones de años se ha convertido en un destructor, y que más que usar la Tierra, abusa de ella hasta el suicidio. Después vienen los llantos, los desconciertos, los miedos, pero antes nos hemos multiplicado hasta la locura, hemos matado todo ser vivo que se nos ha puesto al alcance, hemos creado un desarrollismo tecnológico que tiene una hipoteca de destrucción inevitable y no tenemos ningún interés en reinventar un futuro distinto. Vamos con paso firme hacia el precipicio.
Japón, como último aviso. Nadie puede planificar la ecuación diabólica que junta a la madre de todos los terremotos con un tsunami gigantesco, una isla pequeña y millones de ciudadanos viviendo en ella. La tragedia debía ser tan inevitable como terrible ha sido. Pero el día después descubrimos que, además de los dramas humanos de millares de personas, además de los miles de muertos, desaparecidos, desplazados, damnificados, el mundo contempla el riesgo nuclear. Es decir, recuerda de golpe que para mantener el modelo social creado, necesitamos un contingente energético cuyas consecuencias nunca son inocentes. Osomos esclavos del petróleo con todas sus catastróficas derivadas: contaminación, inestabilidad económica, dependencia asfixiante de oligarquías dictatoriales… o lo somos de las centrales nucleares cuyos sustos son infrecuentes, pero fulminantes cuando se producen. Estamos entre el fuego y las brasas. Y en medio, una forma de vida a la que no queremos renunciar.
Todo esto, ¿tiene solución? O, peor, ¿tiene futuro? Y mientras lo preguntamos, ¿cómo gestionamos el presente? Porque nada será igual después de Japón, e incluso aquellos que están convencidos de que la energía nuclear es incuestionable saben que algunas cosas deberán replantearse. La cuestión es qué y cómo. Porque ya lo dijo alguien muy perspicaz o muy pesimista: o cambiamos de actitud o tendremos que cambiar de planeta.





Las impresionantes imágenes de las explosiones en la central nuclear de Fukushima, hacen que muchos duden sobre la veracidad de los reportajes del gobierno japonés, que sostiene que -por el momento- los niveles de radiación en las inmediaciones de la planta no revisten mayor peligrosidad.


¿Puede acaso explotar, aunque sea parcialmente, una planta de este tipo sin que se produzca como resultado una catástrofe nuclear?
clic ¿Explosión sin consecuencias?
clic ¿Dónde está el riesgo?
clic ¿Se ha fugado material radioactivo?
clic ¿Qué tan grave es la amenaza?
¿Explosión sin consecuencias?
Según las autoridades, las explosiones en los reactores uno y tres de la planta nuclear de Fukushima Daichii parecen haber sido causadas por una excesiva acumulación del hidrógeno producido en su interior.
Pero aunque son visualmente espectaculares, explosiones como las registradas el sábado y este lunes no necesariamente aumentan el peligro de contaminación por radioactividad.

Esto sucede porque las estructuras de concreto afectadas por las explosiones solamente servían como una coraza externa de otras estructuras de contención, entre las que se destaca el contenedor de metal donde se acumulan los materiales radioactivos liberados en el proceso de fisión nuclear: el núcleo.
Y, en la versión de las autoridades, estos contenedores de acero ubicados en el centro del reactor no sufrieron mayor daño.
De hecho, según Malcolm Grinston, del Grupo para la Formulación y Administración de Políticas de Energía del Imperial College de Londres, los edificios dañados también estaban diseñados para caer hacia fuera en caso de derrumbe, minimizando así los posibles daños al núcleo.
Y según Tokyo Electric Power Co, la empresa que maneja la central nuclear, la mayoría de los gruesos muros de contención que protegen el núcleo de los reactores de la central de Fukushima también permanecen intactos.
"La explosión… no fue un evento tremendamente importante", afirmó Grinston.

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¿Dónde está el riesgo?

El principal riesgo sigue siendo el derretimiento -o fusión- del núcleo de alguno de los reactores, como consecuencia de fallos en sus sistemas de enfriamiento.
Las autoridades están preocupadas por el posible derretimiento del núcleo de alguno de los reactores.
Un derretimiento parcial parece haberse producido en los reactores uno y tres de la central nuclear de Fukushima.
Y, para evitar un derretimiento mayor, las autoridades han estado bombeando agua de mar y ácido bórico en los reactores, pues los átomos de boro absorben a los neutrones y disminuyen la actividad nuclear residual.
De fundirse completamente el núcleo, material altamente radiactivo caería al suelo de la estructura de contención, desde donde podría filtrarse a la tierra.
En ese contexto, para las autoridades japonesas es clave poder controlar la temperatura de los reactores, así como el buen estado de las estructuras de contención, además de evitar nuevas explosiones y, sobre todo, incendios.

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¿Se ha fugado material radioactivo?

Todo parece indicar que sí, aunque no está claro su alcance ni la cantidad.
Según las autoridades, los niveles de radiación detectados son bastante bajos.
Mínima contaminación radioactiva fue detectada en un portaaviones estadounidense anclado a más de 150 kilómetros de la costa de Japón, que había sido enviado a la zona para asistir con las labores de rescate.
Pero las autoridades rusas no han detectado nada anormal en su territorio y el gobierno japonés afirma que, en cualquier caso, los niveles de radiación detectados fuera de la planta son bastante bajos y no pueden compararse con los registrados luego de accidentes como el de la central nuclear de Chernobyl, en 1986.
El material radioactivo -isótopos radioactivos de cesio y yodo- parece haberse fugado cuando se liberó parte del gas que se ha ido acumulado dentro de los reactores para evitar una nueva explosión.
Y por el momento no se han detectado isótopos de uranio, ni de plutonio.

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¿Es tan grave  la amenaza?

La Agencia Internacional de Energía Atómica sostiene que, por el momento, los sucesos de Japón nada más tienen repercusión a nivel local.
Y es que como explica el especialista en temas ambientales de la BBC, Richard Black, la principal amenaza en anteriores accidentes nucleares han sido las nubes de gases radioactivos liberadas en la atmósfera.
Los expertos descartan otro Chernobyl.
Tanto durante el accidente de Chernobyl de 1986, por ejemplo, como en el incendio de 1957 en Windscale, en el Reino Unido, los componentes de los reactores ardieron durante varios días.
Y, en el caso de Chernobyl, el incendio se vio precedido por una brutal explosión que también liberó gas.
Según Black esto permitió que el material radioactivo viajara largas distancias empujado por el viento.
De hecho, en el caso de Chernobyl, las primeras detecciones de produjeron en Suecia, a más de 1.000 kilómetros de distancia del sitio del accidente.
Este tipo de explosiones, sin embargo, no se han producido en Fukushima, donde tampoco hay reportes de incendios.
En ese sentido, los expertos parecen coincidir que Fukushima nunca será otro Chernobyl.

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3 comentaris:

Miquel ha dit...

Respuesta a la pregunta base : NO

Josep ha dit...

Miquel, esta es la frase más corta y lapidaria que jamás haya leido.
Una abraçada.

Francisco Mendez ha dit...

Bueno es estúpido, creer que se puede controlar la naturaleza, los terremotos, tifones. y construir plantas nucleares en Japón

Saludos.