dissabte, 18 abril de 2015

Érase una vez ..

«Ser poeta es encontrar
en otros la propia vida.
No encerrarse; darse a todos;
ser sin ser melancolía,
y ser también mar y viento,
memoria de las desdichas...»

El compromiso educativo es un arma. Un arma cargada de futuro, decía el poeta. Es un arma cuando el alma se quiere comprometida en transformar el mundo. Un arma, no desalmada, armada de amor.
“Cantemos como quien respira. Hablemos de lo que cada día nos ocupa. Nada de lo humano debe quedar fuera de nuestra obra. En el poema debe haber barro, con perdón de los poetas poetísimos. La Poesía no es un fin en sí. La Poesía es un instrumento, entre otros, para transformar el mundo.”
El poeta era Gabriel Celaya.



Gabriel Celaya (1911-1991)
No por nada olvidado en tiempos donde el compromiso suena a falta de calidad o a doctrina. Sin embargo, siempre estamos comprometidos. La realidad nos compromete. Y, como nos compromete, nos obliga con ella. Hasta nueva orden, nada que cuestione lo real emerge desde fuera de lo real.
Celaya era un vasco de pura cepa comprometido con España como problema. Con esa España que a otro vasco en igual compromiso, Blas de Otero, pareciera “madre y madrasta mía, triste, espaciosa España”, esa España cuyo nombre envenenaba los sueños de Cernuda. Para cumplir con ese compromiso, Gabriel se citó con la educación como ejercicio pirata de futuro:  



Educar es lo mismo
que poner motor a una barca…
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.
Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera
enarbolada.

                                                   
Sólo eso. Traer aquí a varios poetas trasnochados. Me gusta la palabra, trasnochado. Tras la noche. Tras la oscuridad. Tras la palabras. Poetas traspalabrados. Poetas que escriben sobre niños embarcados en la aventura de la educación. La mayor de las aventuras: la transformación del mundo.
Con tanto poeta trasnochado, con tanto viejo poeta, a nadie le extrañará que me despida trayendo la voz quebrada de José Agustín Goytisolo, para decirnos que nos queramos también al revés.


Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban 
todos los corderos.

Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.
  
 Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.


                                                          

dimecres, 15 abril de 2015

El dret a espigolar / El derecho a espigar


Agricultura de Catalunya

Allò que ens ha d’escandalitzar és que hi hagi malbaratament, mentre hi ha gent que passa gana.



Què fas quan no tens feina i se t'acaba la prestació per atur? Hi ha persones que opten per delinquir d'altres rebusquen als contenidors d'escombraries o duen en un petit carretó... no res. I alguns han tornat al camp buscant feina a qualsevol preu. L'altra tarda em deien que en Pere i el seu fill van anar a espigar. Vaig recordar de sobte que el meu pare també anomenava aquesta paraula.

L'ofici no és nou, a l'antic Testament podem llegir la història de Ruth que, en quedar-se vídua i junt amb la seva sogra Noemí, van darrere els segadors per recollir les espigues que es deixen. Segons la llei de Moisès els pagesos tenien prohibit resseguir els camps, ja que allò que hi quedava havia de ser per les vídues i els orfes.


No fa gaires dies llegia que uns quants homes i criatures anaven a cercar les patates oblidades al solc per a recollir-les i guanyar-se uns cèntims per tal d'anar passant.
Tot plegat em va cridar l'atenció perquè la meva mare durant la postguerra i quan no hi havia feina a la ciutat, o no la donaven perquè deien que eres un “rojo” hi havia gent que s'hi dedicava: espigava olives i ametlles, per poder tenir pa, olives, ametlles i panís.

bot (tarragona)

A Terra Alta, a Tarragona, el clima és molt dur. Dubto que molta gent de ciutat puguin fer-se a la idea de com són els hiverns. Es llevaven molt d'hora per a ser al tros a punta de dia. S'enduien un bocí de pa amb alguna cosa, arengada gairebé sempre, i si en tenien acompanyaven el pa amb un tros de tocino (deien que era ranci) i es posaven a la feina: resseguir els camps collits i plegar les olives que s'havien quedat oblidades entre les fulles plenes de gebre, si hi havia boira la cosa es complicava.

A l'estiu uns altres anaven a cercar espigues de blat i d'ordi que havien quedat a terra o als marges: el blat per al consum humà i l'ordi i el panís per l'aviram.
Les ametlles se les venien. De vegades tenien sort i arreplegaven molt i d'altres després d'estar tot el dia al camp tornaven a casa gairebé de buit. I l'endemà sant tornem-hi. La càrrega la portaven al cap en un cabàs o en un feix... 



  TRADUCCIÓN 
 Lo que nos debe escandalizar es que haya despilfarro, mientras hay gente que pasa hambre.



¿Qué hacer cuando no tienes trabajo y se me acaba la prestación por desempleo? Hay personas que optan por delinquir, otros rebuscan en los contenedores de basura o llevan en un pequeño carro... nada. Y algunos han vuelto al campo buscando trabajo a cualquier precio. La otra tarde me decían que Pere y su hijo fueron a espigar. Recordé de pronto que mi padre también llamaba espigar a este trabajo.

El oficio no es nuevo, en el antiguo Testamento podemos leer la historia de Ruth que, al quedarse viuda y junto con su suegra Noemí, van detrás los segadores para recoger las espigas que se dejan. Según la ley de Moisés los agricultores tenían prohibido recorrer los campos, ya que lo que quedaba tenía que ser para las viudas y los huérfanos.
No hace muchos días leía que unos cuantos hombres y criaturas iban a buscar las patatas olvidadas en el surco para recogerlas y ganarse unos céntimos para ir pasando.
Todo ello me llamó la atención porque mi madre durante la posguerra y cuando no había trabajo en la ciudad, o no lo daban porque decían que eras un "rojo" había gente que se dedicaba a ello. Espigaban aceitunas y almendras para poder tener pan, aceitunas, almendras y maíz.
En Terra Alta, en Tarragona, el clima es muy duro. Dudo que mucha gente de ciudad puedan hacerse a la idea de cómo son los inviernos. 
bot (tarragona)
 Se levantaban muy temprano para ir al “tros” a punta de día. Llevaban un pedazo de pan con algo, arenque casi siempre, y si tenían acompañaban el pan con un trozo de tocino (decían que era rancio) y se ponían a trabajar. Recorrian los campos cosechados y recogian las aceitunas que se habían quedado olvidadas entre las hojas llenas de escarcha, si había niebla la cosa se complicaba.

En verano otros iban a buscar espigas de trigo y de cebada que habían quedado en tierra o en los márgenes. El trigo para el consumo humano y la cebada y el maíz para las aves de corral.
Las almendras  las vendían. A veces tenían suerte y recogían mucho, y otros después de estar todo el día en el campo volvían a casa casi de vacío. Y al día siguiente vuelta a empezar. La carga la llevaban en la cabeza en un capazo o en un haz.
...



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