dissabte, 13 d’agost de 2011

Un refugio en Cadaqués


cadaqués 

 Nada muere en vano: lo mejor de nuestra civilización se funda en esta esperanza
Siempre que, como sucedió días atrás, hablo de Machado, tengo necesidad de explicar una anécdota de su trágico final que lo vincula a dos poetas catalanes: Carles Riba y Clementina Arderiu. A principios del año 1939, el matrimonio Riba-Arderiu partió hacia el exilio en el mismo automóvil, sufragado por el Pen Club, que trasladaba a un agotado Machado, quien, poco después de atravesar la frontera, murió. En Cotlliure, como es sabido.
cotlliure
Carles Riba es un personaje colosal. Poeta, erudito, teórico literario, profesor de clásicas, traductor de La Odisea. Su currículum como helenista podría haberle dado la posibilidad de encontrar una amable cátedra en América. Prefirió enfrentarse a la noche del franquismo. El matrimonio regresó a Barcelona, lo que significaba aceptar un destino de miseria e irrelevancia. Riba sobrevivió con precariedad. Con falso pie de imprenta argentino, publicó su gran libro de esperanza y dignidad, Les elegies de Bierville. Presidió el Institut d'Estudis Catalans en la clandestinidad. Y continuó exigiéndose el máximo rigor literario.

La corriente estética del simbolismo no está de moda: de ahí la invisibilidad actual de Riba, cuya obra es comparable a la de Paul Valéry. Su enorme exigencia literaria dio sentido al destino de una lengua que agonizaba en el sótano más oscuro. Riba se convirtió en un referente. Un faro. En aquellos años agrios, muchos jóvenes escritores optaron por el catalán siguiendo el ejemplo ético y estético de Carles Riba.

cadaqués (años 50)
El día 30 de agosto de 1953, en un Cadaqués mucho menos glamuroso que el de hoy, se reunieron para homenajear a la pareja Riba-Arderiu editores, amigos y muchos escritores: Garcés, Manent, Triadú, Bofill, Romero, Leveroni, Sagarra, Pla, Foix. Era tanta la admiración que sentían por el mestre Riba que le regalaron una casita del barrio de pescadores. Humilde y blanca, desde la terraza puede verse el mar. Está en la calle de la Amargura, nombre que describe con exactitud aquellos tiempos. En la terraza de los geranios, Carles y Clementina, desterrados a las alcantarillas por el franquismo, contemplaban el mar de Ulises y esperaban, como Penélope, el regreso de los buenos tiempos. Riba murió en 1959. No conoció la formidable recuperación de la literatura catalana, pero supo que llegaría: "¡Tristes banderas / del crepúsculo! Contra ellas soy púrpura viva/. Seré un corazón en la oscuridad / y nueva púrpura con el alba". El poema revela que el día (es decir: la vida) renace con el mismo color con que murió en el atardecer. Y recuerda que sólo el corazón (el entusiasmo) puede resistir la noche: del triste crepúsculo hasta el alba. Nada muere en vano, sugiere Riba. Lo mejor de nuestra civilización se ha construido con esta esperanza. Nada muere en vano si se ha construido con rigor y dignidad. Muere, pero es simiente de futuro.

ANTONI PUIGVER. LA VANGUARDIA


Fotos de Internet. Serán sacadas a petición

4 comentaris:

Mª Trinidad ha dit...

Muy nostálgico post, y un pueblo precioso Cadaqués, es un lujo ir ahí, y sobre todo han conservado ese patrimonio de pueblo de pescadores.
Un saludo josep y BFDS.

zel ha dit...

Cadaquès, un poble preciós i singular...diuen que no volen carretera més ampla per no ser més ogefats pel turisme, diuen que ells, com illencs, miren mar enfora i no pas terra endins, diuen que això és el que enamora...

Abraçades!

KRT ha dit...

Molt interessant l'aportació d'aquest article d'A. Puigvert. I sempre oportuna la reivindicació de la figura cabdal de Carles Riba. El poema que cita ("Tristes banderes / del crepuscle! Contra elles / sóc porpra viva. / Seré un cor dins la fosca; / porpra de nou amb l'alba.") és una extraordinària 'tannka' on, a partir de la visió de la bandera catalana onejant encara contra el sol ponent al pas fronterer, camí de l'exili, Riba dóna fa que parli el sol, que es pon (metàfora de l'esperança d'una Catalunya rica i plena, que el 1939 s'enfonsava), però que durant la nit del franquisme continuarà bategant per tornar a ressorgir un dia, en una nova albada d'esperança que Riba només va poder preveure però no veure, com tampoc Machado, que va morir de la tristesa de veure els deus ideals esfondrats. Com sempre, Josep, molt bé!

Miquel ha dit...

Un sitio con personalidad ¡