dijous, 21 de maig de 2015

la manicura






Hace tiempo que veo en los diarios y revistas mucha publicidad, y mucha  proliferación de locales de manicura en las ciudades de todo el mundo: pequeños establecimientos con olor a esmalte que hacen las delicias de las mujeres, sean ejecutivas o becarias, con precios inferiores a los quince euros. La manicura se ha democratizado, dejando de ser una coquetería ­propia de privilegiadas, y hoy iguala clases y condiciones a diferencia de los limpiabotas, servicio cada vez más escaso y desfasado. 



Una brigada de profesionales chinas o colombianas -muy cotizadas estas- ha pasado a ser la solución benefactora para las manos de las mujeres torpes o que andan demasiado atareadas para cortar sus pieles muertas. Se sientan frente a ti, con la espalda encorvada, cuencos de agua caliente y pequeñas toallas en el regazo mientras van tomando tus dedos, uno a uno, entre sus manos silenciosas que exfolian, masajean y aplican gel permanente.

A veces adviertes que su silencio no es blando sino azul, como los blues. Y que bajo su bata blanca habita un cuerpo agotado y una vida subrogada.
¿Por qué el nuevo código estético puede tolerar casi cualquier cosa -unas zapatillas deportivas, un piercing en la lengua, una orgía de pulseritas roñosas-, pero difícilmente admite la visión de unas uñas estropeadas? 



La fiebre de la manipedi ha dado nuevos bríos al sector de los esmaltes de uñas, con un crecimiento espectacular y un pantonario que va del azul pitufo al amarillo Simpson, pasando por el rouge Chanel. Y no es fácil explicar este boom en nuestros tiempos low cost, por mucho que las ciudades sean parques temáticos colonizados por marcas globales y su uniformidad ha sido clonada de norte a sur. Se calcula que en EE.UU. existen ya 17.000 puestos de manicura, y en la modélica Nueva York el crecimiento es descomunal: tres veces mayor que en Los Ángeles o Chicago. De hecho, The New York Times ha realizado un recuento sorprendente: en un solo barrio del Upper East Side los nails triplican a los Starbucks.




 A las 8 de la mañana, cuenta la cronista, de maltratadas camionetas Ford saltan mujeres en su mayoría asiáticas; el mismo estilo que con los trabajadores de la construcción. Trabajarán entre 10 y 12 horas, y, si ­demuestran capacidad, entonces puede que a los tres meses ganen entre 10 y 60 euros al día. En algunos ­salones de Harlem deben pagar para beber agua. Mujeres pobres a las que su supervisor les ha cambiado el nombre -Sherry o Betty en lugar de Ma Lea- cortarán los callos y rebajarán durezas de los pies de algunas millonarias con sandalias de Prada y diamantes de H. Stern. Hay quien dice: “Me he hecho las manos”. Otras las pierden, en esa dinámica perversa que dilata la brecha entre servidumbre y servicio.





fotos de internet. serán retiradas a petición

 la vanguardia


6 comentaris:

Miquel ha dit...

Buena pregunta la que expones .

xavier pujol ha dit...

Quina ràbia fa que rere una feina aparentment sana i innocent, hi hagi una màfia que explota aquestes dones treballadores.

Josep ha dit...

Miquel, no lo he dicho todo porque seria muy largo, pero resumimido se trata de esto. De una gran explotación que curiosamente lo invade todo , y estas pobres mujeres son esclavas de las mafias (como otros tipos de trabajo) tampoco se sabe el motivo por el cual hay esta "afición" desmesurada por cuestión de la manicura.

Salut.





Josep ha dit...

Xavier, es increïble, perquè sí que és veritat que sembla una feina com un altre, i com a feina sí que ho és. Però ja hi som, aquesta gent els hi passa com la que cusen roba. És passen moltes hores a preus de semi esclavitud, i les tenen molt controlades, a l'extrem que quan no poden seguir fent la manicura, ja tenen un altra feina diferent però el preu és el mateix.

Montse ha dit...

La verdad, no sé cuál es el motivo de que haya este culto a las manos y los pies. Hombre, lo bello a todos nos gusta, y cada cual es libre de utilizar los medios y posibilidades a su alcance para embellecerse. Lo único que yo destacaría es, lo que ya has dicho tú. ¿Qué hay detrás de este servivio callejero o playero? No olvidemos que también los masajes playeros están de moda y por el mismo perfil de mujer.
Creo que no deberíamos consumir estos servicios, no por las mujeres, que hacen lo que pueden, sino por las mafias que siempre buscan nuevas maneras de explotar a las personas. Y nosotros sabiendo o sin saber, con el consumo estamos colaborando a que proliferen estas actividades.

Una abraçada, Josep.

Josep ha dit...

Montse, por lo que parece es un auténtico culto donde antes participaban las mujeres con dinero y ahora procuran ir todas o casi. Es cierto que lo bello a todos nos gusta, pero se tiene que anteponer esto a otras cosas de igual belleza? Es bonito un piercing en la lengua,o en otro sitio?
Evidentemente las mafias se aprovechan de ello y igual que estos talleres clandestinos de ropa hacen esto de la manicura a precios de semi esclavitud (lo que ganan ellas) porque un servicio a una señora sale entre 15 y 20 euros.Lo de las playas no se como funciona, pero no creo que puedan hacer muchos masajes aldia, la policia lo controla mucho.
Una abraçada.