divendres, 28 de gener de 2011

para meditar


Estoy leyendo un libro, y me hace recordar una escena de “Matar a un Ruiseñor”. Atticus Finch, uno de mis héroes preferidos, pierde el juicio como abogado defensor. Se ha cometido una injusticia, y la sala se vacía. Sus opositores abandonan el salón. Él está solo. Camina rumbo a la salida, pero en el segundo piso, donde están los afroamericanos segregados por los blancos, ocurre algo conmovedor. Los afroamericanos reconocen su valía, y se ponen en pie. A su modo, rinden tributo a su integridad. Pero Atticus no mira hacia arriba. Yo tampoco lo hago casi nunca. Generalmente me importa demasiado lo que los “hombres y mujeres” en la sala opinen de mí y de mi trabajo. Tristemente, la mayoría del tiempo, me quedo solo en la sala mirando sillas vacías. En ese momento, debería mirar hacia arriba. Allá es donde llevan las cuentas bien. Allá es donde se hace justicia y se valora la integridad. Y, a final de cuentas, ése es el aplauso que cuenta. Arriba, no abajo.

4 comentaris:

Vicent Maganer Ripoll ha dit...

No hi ha home mes valent que aquell que no es desfà dels seus pors i els temors, sino que conviu amb ells, ja que ell será precavid, osat i inteligent, ja que tot enemic viu es la mostra de astúcia mes gran del món
Espere que alçes el cap, perque no tens en absolut cap motiu x el k agachar-lo

Antonio ha dit...

Y también mirar adentro. El aplauso de dentro vale más que cualquier otro, es el de la congruencia, el de la paz interior, el de lo bien hecho a conciencia.
Un abrazo

Miquel ha dit...

Buena película....cada dia se matan ruiseñores ¡¡¡¡

josefina ha dit...

La integridad, tan valiosa y en estos tiempos tan devaluada.
Un abrazo