dissabte, 29 març de 2008

jorge bucay (el buscador)

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador. Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.
Un día nuestro Buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó Kammir a lo lejos, pero un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. Estaba rodeaba por completo por una especie de valla pequeña de madera lustrada, y una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.
El Buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como por azar entre los árboles. Dejó que sus ojos, que eran los de un buscador, pasearan por el lugar... y quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción. “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, y sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar…
Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Al acercarse a leerla, descifró: “Lamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.
El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
- No, ningún familiar – dijo el buscador - Pero... ¿qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de niños?
El anciano cuidador sonrió y dijo:
"Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré... Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de entonces, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana, dos? ¿tres semanas y media? Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?
¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿y el casamiento de los amigos? ¿y el viaje más deseado? ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones? ¿horas? ¿días?…
Así vamos anotando en la libreta cada momento, cada gozo, cada sentimiento pleno e intenso... y cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido."
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Y si el tiempo que vivimos es el tiempo que sabemos disfrutar, los momentos plenos, los momentos intensos... hagamos que sean esos los que abunden, puesto que seguramente no merece la pena enredarnos en rutinas inútiles que nada nos aportan, o en enfados sin sentido, o en palabras hirientes a las que les responderán otras palabras más hirientes y que luego acabarán como minutos, horas... perdidos en el vacío.

Hagamos que, cuando ya no estemos aquí, alguien pueda contar cuánto tiempo hemos vivido realmente... y sonría.

-------------------------------------------------------------------------------Gracias a Jorge Bucay por los cuentos que escribe y lo que en ellos nos transmite, nos enseña...

9 comentaris:

isol ha dit...

Jorge Bucay siempre con historias magnificas,hace un tiempo leí el elefante encadenado y me encantó.A este no lo había leido,puedo decirte que pretendo acumular muchos años bien vividos,cuanto valor tiene cada buen momento aunque sea pequeñito,cada vez que te visito estoy aumentando momentos buenos a mi vida.
Pensando en mi vida,la verdad no había notado que son muchos los minutos,las horas,los años que anotaría en mi libreta.

María ha dit...

Josep amigo, muchas gracias por tu comentario en mi blog, las palabras son tan importantes y necesarias siempre y que pueden llenar tantos vacíos en muchos rincones de las personas, gracias muchas gracias.

Este texto que has puesto de Bucay es francamente hermoso, y transmite muchas cosas, entre ellas debemos darnos cuenta de la importancia que tiene la vida, aunque haya algunos momentos malos que pienses que no se pasarán, pero siempre se acaba todo, porque todo lo que empieza termina, todo tiene su fin, y qué hermoso es podernos dar cuenta de eso cuando estamos atravesando malos momentos, pero que nunca, en esos instantes no nos damos cuenta, y se nos hacen interminables pensando en que es muy importante lo que nos está sucediendo y que no ves fin a esa pesadilla, y que cuando ves las cosas ya de otra manera porque el tiempo ha pasado y ha cicatrizado algo las heridas, en realidad, te das cuenta de que todos los problemas tienen solución, todos menos la muerte.

Gracias Josep por esta entrada, y te envío un fuerte abrazo.

CAMINO INCIERTO ha dit...

He leído prácticamente todo lo que ha publicado y ayuda mucho,también en sus libros a veces viene un cd de audio.En España edita mensualmente la revista MENTE SANA con grandes colaboradores,incluido su hijo Demian.Un saludo para todos.

josep estruel ha dit...

En la escuela del pueblo en la biblioteca y yo mismo en la radio municipal,leemos o ponemos el cd.
A veces parece que Jorge Bucay sea el único.
Un saludo.

Monica ha dit...

Creo que todos tenemos una libretita como esa colgando de nuestro corazón, lo importante tratar de olvidar los malos momentos y que sólo nos quede el sedimento de la sabiduría y atesorar los buenos de tal manera, que cuando haya malos, el recuerdo de estos nos calme la aflicción.
besos Josep

Xesca ha dit...

Bueno, en general creo qeu todos intentamos siempre vivir de esos pequeños buenos momentos. Y sino al menos continuar recordándolos para tener fuerzas y seguir adelante. Lo triste de todo ello es la cantidad... Si lo miramos bien, qué poco suman al final, no? Ojalá pudieran sumar muchísimo más, aunque tal vez si los anotásemos así sería.

josep estruel ha dit...

Xesca,bon dia.No se si sabre explicarlo bien.
Yo creo que los buenos momentos cuando los recuerdas y los desmenuzas son mas intensos que los malos ratos,pues estos aunque no se olviden procuramos que no sean al detalle.
Momentos de amor,al nacer tu hijo,
el primer beso....Para esto si que deberiamos tener un diario.
Aunque fuese de una sola página.
Un beso.

Xesca ha dit...

Si si... Josep, si he entendido el concepto del cuento, es muy evidente; yo tan sólo quise decir que ojalá la suma total de los mejores buenos momentos de cada uno fuera mucho mayor al final de nuestras vidas. Es evidente que siempre vale más tener aunque sea como dices una página a no tener nada... Cielos!! que mal sería no tener nada!

CAMINO INCIERTO ha dit...

Hoy es el aniversario de uno de mis peores momentos(la muerte de mi marido) y os aseguro que no quiero olvidar los malos momentos,si dependiera de mí recordaria todo de lo vivido,hasta las palabras,necesito conocer los mecanismos que me ayudaron a superar las dificultades ya que seguramente volveré a encontrarme alguna vez ante ellas.Así que por los buenos y los malos momentos,en la salud y en la enfermedad,en la alegría y en la tristeza ...con todos los que me rodean.